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  • ¡Ellos no se complacerán a cambio de ningún precio!:  
  • 2010-01-10 23:4:55  
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  • 145 -  وَلَئِنْ أَتَيْتَ الَّذِينَ اُوتُوا الْكِتَابَ بِكُلِّ ءَايَةٍ مَا تَبِعُوا قِبْلَتَكَ وَمَآ أَنْتَ بِتَابِعٍ قِبْلَتَهُمْ وَمَا بَعْضُهُم بِتَابِعٍ قِبْلَةَ بَعْضٍ وَلَئِنِ اتَّبَعْتَ أَهْوَآءَهُمْ مِن بَعْدِ مَا جَآءَكَ مِنَ الْعِلْمِ إِنَّكَ إِذاً لَمِنَ الظَّالِمِينَ

    145. Aún si les trajeras toda clase de signos a quienes les fue dada la Escritura no seguirían tu qiblah, ni tú sigues su qiblah, como así tampoco entre ellos algunos no siguen la qiblah de otros, y si siguieras sus deseos después del conocimiento que te ha llegado, ciertamente que entonces serías de los injustos.

    Exégesis:

    ¡Ellos no se complacerán a cambio de ningún precio!:

    Leímos bajo la explicación de la aleya anterior que la Gente del Libro, en este caso los judíos, sabían que el cambio de qiblahdesde Jerusalén hacia la Sagrada Ka‘bah no solo no representaba una objeción a la autenticidad de la prédica del Profeta del Islam (BP), sino que se contaba entre uno de los signos y señales de la veracidad de su Profetado, puesto que ya habían leído en sus Libros que el Profeta Esperado rezaría hacia dos qiblah, pero tal como es común en ellos, el fanatismo no les permitió aceptar dicha realidad.

    Básicamente, hasta que el hombre aún no ha tomado una decisión sobre un asunto, es factible de hacérsele comprender, y por medio de la lógica y los argumentos, o incluso a través de la realización de milagros, hacerle cambiar sus ideas, y demostrarle así una realidad. Pero cuando con anterioridad la persona ya ha definido en forma resoluta su posición, particularmente los individuos ignorantes y fanáticos, a éstos ya no se los puede hacer cambiar de opinión de ninguna manera, y por ello, en las aleyas que estamos analizando ahora el Corán rotundamente dice: «Aún si les trajeras toda clase de signos a quienes les fue dada la Escritura no seguirían tu qiblah». Por lo tanto, no te canses en vano, puesto que no se someterán a la Verdad bajo ningún precio, porque el espíritu de búsqueda de la Verdad ha muerto en ellos. Lamentablemente, todos los profetas de Dios tuvieron que enfrentarse con gente de esta índole, personas ricas y con influencias, o sabias pero desviadas y materialistas, o gente común pero ignorante y fanática.

    Luego añade: «Ni tú sigues su qiblah». O sea, si es que ellos suponen que con todos estos palabreríos y alboroto la qiblahde los musulmanes cambiará otra vez, ¡se equivocaron enormemente! Esta qiblahserá para los musulmanes por la eternidad.

    En realidad, esta expresión es una de las maneras de terminar con los reproches de los opositores; que la persona se mantenga firme en su posición y demuestre que todos esos bullicios y alborotos no interferirán en absoluto en su decisión y no lo harán cambiar el camino que ha elegido.

    Luego agrega: Y ellos también son tan fanáticos en su creencia que «entre ellos algunos no siguen la qiblah de otros». Ni los judíos siguen la qiblahde los cristianos, ni los cristianos la de los judíos.

    Nuevamente, para enfatizar y recalcar aún más, se dirige al Profeta diciéndole: «Y si siguieras sus deseos después del conocimiento que te ha llegado, ciertamente que entonces serías de los injustos».

    En el Corán se observan repetidamente locuciones dirigidas al Profeta (BP) semejantes a éstas, las cuales se presentan como oraciones condicionales y cuyo objetivo son tres cosas:

    En primer lugar, el que todos sepan que ante las leyes divinas no existe ninguna discriminación y diferencia entre la gente. Incluso los profetas están incluidos en estas leyes y éstas les abarcan. Por lo tanto, suponiendo que del Profeta (BP) surgiera alguna desviación o descarrío, él también sería presa del castigo de Dios, aún cuando obviamente tal suposición respecto a los profetas, quienes poseían tal grado de fe, conocimiento incalculable, posición de piedad y temor, no es posible y está fuera de lugar. Y, como lo expresamos con anterioridad, una proposición condicional no necesariamente verifica que la condición deba tener lugar.

    Por otro lado, considerando la circunstancia anterior, el resto de la gente tomará en cuenta su propia situación y se percatará que si el mismo Profeta (BP) ha sido advertido, entonces qué decir respecto a que ellos deberán ser más precavidos respecto a sus deberes y obligaciones. Jamás debe uno someterse a los deseos pervertidos de los enemigos o tomar en cuenta sus desaprobaciones y censuras.

    En tercer y último lugar, para que quede en claro que el Profeta (BP) no tiene poder de decisión en absoluto en cuanto a cambiar o transformar las leyes de Dios, y en otras palabras, no es así que cualquiera puede regatear o llegar a un acuerdo con él a este respecto, desde que él también es un siervo, obediente a las órdenes del Señor.

    v  v  v

    146 -  الَّذِينَ ءَاتَيْنَاهُمُ الْكِتَابَ يَعْرِفُونَهُ كَمَا يَعْرِفُونَ أَبْنَآءَهُمْ وَإِنَّ فَرِيقاً مِنْهُمْ لَيَكْتُمُونَ الْحَقَّ وَهُمْ يَعْلَمُونَ

    147 -  الْحَقُّ مِن رَبِّكَ فَلاَ تَكُونَنَّ مِنَ الْمُمْتَرِينَ

    146. Aquellos a quienes hemos otorgado la Escritura lo conocen (al Mensajero del Islam) así como conocen a sus propios hijos; y por cierto que un grupo de ellos oculta la verdad a sabiendas.

    147. La verdad proviene de tu Señor, así pues, no seas de los que dudan.

    Exégesis:

    Ellos lo conocen perfectamente:

    Siguiendo con los temas anteriores, respecto a la terquedad y obstinación de un grupo de entre la Gente del Libro, la primera aleya dice: «Aquellos a quienes hemos otorgado la Escritura lo conocen (al Mensajero del Islam) así como conocen a sus propios hijos». Ellos leyeron su nombre, señales y particularidades en sus Libros Sagrados, «pero  un grupo de ellos oculta la verdad a sabiendas».

    Aún cuando un grupo de entre ellos aceptó el Islam al observar en él ciertas señales evidentes, tal como se transmitió de ‘Abdul·lah ibn Salâm, quien era uno de los sabios judíos que aceptó el Islam, que: “Yo conozco al Profeta del Islam (BP) mejor que a mi propio hijo”[1].

    Esta aleya descorre los velos de una interesante realidad, y es el hecho de que la explicación y descripción de los atributos físicos y espirituales y las particularidades del Profeta del Islam (BP) en los Libros anteriores era tan palmaria y nítida, que trazaba una clara y completa imagen y perfil de él en las mentes de aquellos que recurrían a dichos Libros.

    ¿Acaso alguien puede suponer que en esos Libros, esto es, la Torá y el Evangelio, no se encontraba ningún nombre o señal del Profeta del Islam, pero sin embargo el Profeta (BP) les aseverara con total claridad diciéndoles que “todas mis particularidades y epítetos están escritos en vuestros libros”? ¿Acaso si no hubiese sido así, no es de esperar que todos los sabios de entre la Gente del Libro se erigieran en una cruda y abierta lucha en su contra? ¿Acaso no deberían haberle dicho “éste eres tú, y estos son nuestros libros. ¡Muéstranos donde está registrado tu nombre y tus señales!”? Ante la inexistencia de tales señales en sus Libros ¿acaso era posible que incluso una sola persona de entre sus sabios se someta ante el Profeta del Islam?

    Entonces, este tipo de aleyas es una evidencia y prueba de la veracidad y autenticidad del Profeta. Luego, para enfatizar y resaltar los temas anteriores referentes al cambio de la qiblaho las normas del Islam en general, dice: «La verdad proviene de tu Señor, así pues, no seas de los que dudan».

    Con esta frase Dios reconforta y anima al Profeta (BP) y le recalca que ante los atosigamientos e inquinas de los enemigos jamás dé lugar a que aparezca en él ni siquiera una partícula de duda, ya sea en lo referente al tema del cambio de qiblaho a cualquier otro, aún cuando los enemigos aúnen todas sus fuerzas en este camino.

    Aunque estas palabras van dirigidas a la persona del Profeta (BP), en realidad, tal como dijimos en aleyas pasadas, aluden y apuntan a toda la gente, de otra manera, está claro que un profeta que está alternando y conviviendo con la Revelación en persona, jamás dará lugar a la duda y vacilación, porque la Revelación para él posee un aspecto de certeza y convicción.

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    [1]Al-Manâr, T. 2. Tafsîr Al-Kabîr,de Fajr Ar-Râzî, T. 4, p. 128.

     
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